Volvemos con nueva temporada de la 'sección cavernaria' de Onda Cero Badajoz contando tres temas diferentes pero que se han comentado en el último verano como parte de la actualidad:
¿Los días duran ahora 16 horas? La verdad detrás del bulo viral y la ciencia real de por qué el tiempo "vuela".
Cada cierto tiempo vuelve a salir esa "noticia bulo" de que nuestros días han pasado de tener 24 a 16 horas, cosa que no es verdad. Lo analizamos con detalles científicos y de dónde viene esa teoría infundada.
Cinco desclasificaciones después, el misterio de los UAP sigue sin pruebas.
Tras desclasificarse, hace más de un mes, el último lote de archivos desclasificados por parte del Gobierno de los Estados Unidos, el fenómeno ha ido menguando en interés por falta de explicaciones del fenómeno más allá de los casos tan numerosos.
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La nueva moda viral y social entre los jóvenes, ¿en qué consiste farmear aura?
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¿Los días duran ahora 16 horas? La verdad detrás del bulo viral y la ciencia real de por qué el tiempo "vuela"
Cada cierto tiempo reaparece en redes sociales el mismo vídeo: alguien asegura, con tono grave y datos aparentemente técnicos, que un "científico alemán" ha demostrado que la Tierra gira ahora tanto más rápido que nuestros días de 24 horas en realidad solo duran 16. La publicación siempre añade la misma coletilla, la que engancha a cualquiera: "por eso sientes que no te da tiempo a nada". El bulo lleva circulando, con distintos disfraces, desde hace más de una década, y cada rebrote viral demuestra lo mismo: que hay un fenómeno real —la sensación de que el tiempo se acelera— buscando desesperadamente una explicación, aunque sea falsa.
Vamos a separar las dos capas de esta historia: primero, por qué la teoría de las "16 horas" es pseudociencia pura; segundo, qué dice la ciencia de verdad sobre por qué percibimos que los días, los años y la vida entera pasan cada vez más deprisa.
La leyenda del "día de 16 horas" no nace en un laboratorio, sino en 2008, de la mano de Gregg Braden, un autor estadounidense de literatura new age. Braden tomó un fenómeno real y bien documentado, la resonancia Schumann —una serie de ondas electromagnéticas de muy baja frecuencia generadas por los rayos en la atmósfera terrestre, descrita en los años 50 por el físico Winfried Otto Schumann—, y la mezcló con conceptos de rotación planetaria que no tienen ninguna relación entre sí. A partir de una supuesta subida de la frecuencia de esa resonancia (de 7,8 a 12 Hz), aplicó una regla de tres inversa para "deducir" que el día se había acortado de 24 a 16 horas.
El problema es doble. Por un lado, la NASA ha explicado públicamente que la resonancia Schumann no tiene relación alguna con la velocidad de rotación de la Tierra. Por otro, el propio Winfried Schumann, al que numerosos vídeos atribuyen estudios recientes, murió en 1974, décadas antes de que empezara a circular la teoría que lleva su nombre.
“Cuando la Tierra se formó, hace 4.600 millones de años, el día duraba unas 6 horas. Hace 620 millones de años, había aumentado a 21,9 horas. En la actualidad, la duración media del día es de 24 horas, pero aumenta aproximadamente 1,7 milisegundos cada siglo”.
Además, físicos y astrónomos consultados por distintos medios a lo largo de los años han sido claros: para que el día se acortase de forma perceptible haría falta que cambiara la velocidad de la luz o la dinámica orbital del planeta a una escala que sencillamente no se ha observado. Joshua Colwell, jefe del Departamento de Física de la Universidad de Central Florida, explicó que “la rotación de la Tierra realmente se está haciendo más lenta debido a la acción de la fuerza gravitatoria de la Luna en las mareas”.
Lo que sí es cierto (y suena parecido, pero no lo es)
Aquí está la parte curiosa, la que probablemente ha alimentado la confusión: la Tierra sí está girando, en efecto, un poquito más rápido en los últimos años, aunque en una magnitud completamente distinta a la del bulo. Desde 2020, el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS) y el Observatorio Naval de EE. UU. han registrado varios de los días más cortos jamás medidos, con relojes atómicos capaces de detectar variaciones de milisegundas. El récord se batió el 5 de julio de 2024, cuando el planeta completó su giro 1,66 milisegundos más rápido de lo habitual; en 2025 se esperaban nuevos récords en julio y agosto, con variaciones de entre 1,3 y 1,5 milisegundos.
Los científicos barajan varias causas para esta ligera aceleración: la posición de la Luna respecto al ecuador terrestre, movimientos en el núcleo líquido de hierro del planeta, terremotos, cambios en las corrientes oceánicas o el deshielo polar. Es un fenómeno real, medible y fascinante desde el punto de vista geofísico, pero absolutamente imperceptible para cualquier persona: hablamos de milisegundos por día, no de ocho horas menos. Ninguna teoría seria conecta estos datos con la sensación subjetiva de que "no llegamos a todo".
Entonces, ¿por qué sentimos que el tiempo se acelera de verdad?
Si la explicación pseudocientífica es descartable, la pregunta de fondo sigue siendo legítima: ¿por qué tantísima gente coincide en que el tiempo "corre" más que antes? Aquí es donde entra la psicología y la neurociencia, con varias teorías que se complementan entre sí.
La teoría proporcional del tiempo. Formulada ya en el siglo XIX por el filósofo francés Paul Janet, sostiene que cada periodo de nuestra vida se percibe en relación con el tiempo total vivido hasta entonces. Un año representa un 20% de la vida de un niño de cinco años, pero apenas un 2% de la vida de alguien de cincuenta. Cuanto mayor es el denominador, más pequeño —y más rápido— parece cada nuevo tramo.
La teoría de la novedad y la memoria. El cerebro codifica con mucho más detalle las experiencias nuevas que las rutinarias. La infancia y la juventud están llenas de "primeras veces" (la primera cita, el primer día de universidad, el primer viaje sin los padres), momentos que dejan marcadores densos en la memoria. En la vida adulta, cuando la rutina se instala, el cerebro genera muchos menos recuerdos diferenciados por el mismo periodo de tiempo. Al mirar atrás, un año sin hitos memorables "pesa" menos en el recuerdo, y por eso parece haber transcurrido en un suspiro.
El envejecimiento del propio cerebro. El investigador Adrian Bejan, de la Universidad de Duke, propuso en 2019 que la velocidad a la que procesamos estímulos visuales disminuye con la edad, porque las vías neuronales se vuelven más largas y complejas y la señal tarda más en recorrerlas. Si de joven el cerebro procesaba más "fotogramas" mentales por segundo, los días se percibían más largos y densos; con el paso de los años, al procesar menos información por unidad de tiempo, el mismo intervalo se experimenta como más corto.
Otros factores biológicos. Ya en los años 30, el psicólogo Hudson Hoagland observó que la temperatura corporal influye en la percepción temporal: con fiebre, el tiempo parece transcurrir más despacio. Los niños, con un metabolismo y una temperatura corporal algo más altos, podrían experimentar así una suerte de "expansión" temporal que los adultos van perdiendo con la edad.
A estas explicaciones clásicas se suma un elemento que sí es propio de las últimas décadas y que probablemente explica por qué la sensación se ha intensificado en el debate público reciente: el consumo constante de estímulos digitales. El scroll infinito en redes sociales, la sobreabundancia de información y la reducción de los momentos de aburrimiento o pausa contribuyen a que los días se fragmenten en microexperiencias que la memoria apenas registra como distintas entre sí. No es que el cerebro procese literalmente menos "fotogramas", pero sí que la ausencia de hitos claramente diferenciados —ese "todos los días son iguales" tan característico del teletrabajo o de rutinas muy pautadas— refuerza exactamente el mismo mecanismo de memoria pobre en referencias temporales que describía la teoría de la novedad.
Por lo tato, y como verdadera moralera de este "misterio", el bulo de las 16 horas es un caso de manual de cómo una intuición real y compartida por millones de personas —la sensación legítima de que el tiempo se acelera— puede ser secuestrada por una pseudoexplicación que suena científica sin serlo. La ironía es que la realidad, aunque menos espectacular que un giro terrestre descontrolado, es igual de fascinante: no es el planeta el que se ha vuelto loco, es nuestro cerebro, con su manera particular de fabricar y archivar recuerdos, el verdadero responsable de que agosto parezca haber durado una semana.
Si algo puede combatir esta aceleración subjetiva, según coinciden los investigadores citados, es precisamente lo contrario de la rutina: buscar experiencias nuevas, variar los hábitos y prestar atención plena a lo cotidiano, de forma que el cerebro vuelva a generar esos marcadores de memoria que hacen que el tiempo "se estire".
Cinco desclasificaciones después, el misterio de los UAP sigue sin pruebas
El pasado 7 de agosto el Departamento de Guerra publicó su quinta entrega de documentos: 41 archivos nuevos —19 del propio Departamento de Guerra, 17 del FBI, 2 de la CIA, 2 del Departamento de Estado y 1 de la Casa Blanca, entre ellos 16 vídeos— dentro del programa PURSUE, el sistema de desclasificación UAP puesto en marcha por la Administración Trump el 8 de mayo. Todos ellos pueden consultarse en la web war.gov/ufo
Esta, por el momento, última entrega es la más corta de todas y buea parte de este útimo material consiste en telegramas diplomáticos de los años sesenta, objetos extraños vistos por sensores militares y notas de agencia sin analizar en profundidad, junto a una recreación artística encargada por el FBI en 2026 para ilustrar un testimonio de 2023 con un dibujo realizado este mismo año.
De todos los archivos vamos a destacar el suceso extraño que se cuenta en el informe FD-302 del FBI: Dos militares en activo, de reconocimiento nocturno en un vehículo en el oeste de Estados Unidos, describieron haber visto una luz roja sobre una cresta montañosa, seguida de entre seis y diez luces adicionales que parecieron sincronizarse con la primera antes de desplazarse hacia el sureste. Uno de los testigos llevaba un reloj mecánico que, según su propio relato, había comprobado durante todo el turno sin incidencias; tras el encuentro apareció adelantado veinticinco minutos respecto a su teléfono, el reloj del vehículo y un reloj digital adicional, que permanecieron sincronizados entre sí.
¿Qué explicación racional se ha dado a este fenómeno? Avi Loeb, el astrofísico de Harvard que dirige el nuevo consejo asesor de la Casa Blanca sobre UAP, (conocido por su famoso libro 'Extraterrestre' y sus investigaciones sobre los objetos interestelares que han cruzado nuestro universo como el ejemplo de 'Oumuamua' o 3I/ATLAS) ha sugerido que lo más plausible sería algún tipo de interferencia electromagnética que afectara al mecanismo analógico sin tocar los digitales y bastante más razonable, desde el punto de vista físico, que cualquier efecto gravitacional, que además debería haber dejado otras huellas mucho más evidentes en el entorno —una hipótesis ya apuntada por analistas independientes a propósito de un caso parecido que fue parte de la primera desclasificación de mayo, con un reloj analógico adelantado veinte minutos respecto a dos relojes digitales—.
El calendario de las entregas
8 de mayo de 2026 — Release 01: primera entrega del programa PURSUE.
22 de mayo de 2026 — Release 02.
12 de junio de 2026 — Release 03.
10 de julio de 2026 — Release 04.
7 de agosto de 2026 — Release 05.
'Farmear Aura', la nueva moda social viral entre los jóvenes
'Farmear aura' se ha convertido en la nueva moda adolescente viral que está teniendo su canal de desarrollo en TikTok. Algunos ya lo están llamando los nuevos "videojuegos sociales". Ya en muchas ciudades se están viendo estas competiciones callejeras que están reuniendo a centenares de jóvenes en las urbes de grandes ciudades como puede ser el caso de Barcelona.
Hasta los mismos jóvenes que acuden no tienen una explicación exacta de a qué viene esta moda, simplementa participan porque lo ven en las redes sociales, acuden con amigos pasa pasárselo bien o, incluso, para conocer gente. Una moda más, que no sabemos si tiene fecha de caducidad o no, pero que al final los que lo vemos desde fuera lo vemos como una tontería dentro de un mundo complicado y que va muy rápido en sus tendencias, cada vez sin mucho sentido.
La palabra "farmear" es un anglicismo, está relacionado con la idea de cultivar, y dentro del mundo de los videojuegos se refiere a una acción repetida de un personaje para realizar determinadas acciones para ir consiguiendo recursos, experiencia u otras recompensas. Y mencionar el "aura" se refiere a esa energía invisible que puede transmitir una persona y que es lo que le da estilo o carisma. Por lo tanto, “Farmear aura” consiste, por tanto, en hacer algo que provoca que esa percepción mejore ante quienes están observando. Porque al final, es el grupo o la masa lo que aprueba tu acción.
En esas competiciones que ya se están haciendo en las calles, juegan con una puntuación ficticia, y se trata de ue dos compiten y siempre uno gana y el otro pierde. ¿Quién gana? El que mejor "aura" expresa con sus movimientos o acciones. No hay contacto físico, no es ninguna lucha ni representa ningún arte marcial, se basa principalmente en la actitud y en la forma de reaccionar ante el rival con un movimiento que puede estar asociado a la danza o simplemente una expresión corporal.
Al final, tenemos una nueva tendencia social, que nace en las redes sociales como el canal para expandirlo y que genera un lenguaje (como ocurre con el vocablo 'scroll'). Dentro de este nuevo género se habla mucho del “six seven”, utilizado como uno de los códigos reconocibles dentro de estas grabaciones. Los participantes intentan causar más impacto que la otra persona recurriendo a gestos y memes que el público identifica con facilidad.




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