El hallazgo de la necrópolis islámica bajo el asfalto de Badajoz

 En esta sección hablamos del hallazgo arqueológico que ha estado dando mucho que hablar en la ciudad de Badajoz en buena parte del año 2026.

Desde que a finales de marzo se encontraran los restos de varios cuerpos enterrados en una concurrida calle de la ciudad, la Avenida de Huelva, a partir de unas obras de saneamiento, no han dejado de encontrarse cuerpos y estructuras aún por datar y eso ha provocado confusión y hasta enfrentamiento en la sociedad por no reconocer este pasado oculto de esta ciudad milenaria.

Junto al historiador José Antonio Hinchado desvelamos algunos secretos y comentamos este yacimiento polémico, ya que él ha sido uno de los que más ha denunciado esta historia en redes sociales.



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La Avenida de Huelva  de Badajoz lleva meses siendo algo más que una arteria de tráfico en obras: es un espacio en el que confluyen la arqueología, la política y la memoria, y en el que las preguntas se acumulan más deprisa que las respuestas.

Los 37 individuos documentados hasta octubre de 2026 (aunque las últimas cifras de un investigador en concreto nos relata que son más de cincuenta) son una muestra parcial —quizás de un 25%— del número total de enterramientos que el yacimiento puede albergar. La segunda fase de enterramientos a mayor profundidad, aún por explorar, podría cambiar la imagen del conjunto. La estructura arquitectónica cuya cronología y función están en disputa añade otra capa de complejidad. Y la sucesión de hallazgos, sin fecha de cierre a la vista, mantiene la excavación en un estado de apertura que la convierte en un caso singular en la historia reciente de la arqueología urbana de Badajoz.

Lo que el proceso ha dejado ya fuera de duda es que el subsuelo de la Avenida de Huelva conserva una densidad histórica excepcional: una necrópolis islámica de los siglos X al XII, posibles estructuras medievales o modernas superpuestas, y todo ello en una zona que la ciudad contemporánea recorre a diario sin saberlo. Bajo el asfalto de Batalyaws, la historia no ha terminado de aflorar.

Facebook: José Antonio Hinchado Alba. Desvelando secretos.


En la primavera de 2026, las obras de renovación de la red de saneamiento en la Avenida de Huelva de Badajoz revelaron uno de los hallazgos arqueológicos más significativos de la ciudad en décadas: una extensa necrópolis islámica de los siglos X al XII, con docenas de individuos orientados ritualistamente hacia La Meca. Lo que comenzó como un hallazgo de seis enterramientos no dejó de de crecer, hasta que se tapó. En los últimos meses de aquel año, la maqbara sumó más de una cincuentena de individuos en decenas de fosas, con indicios de una segunda capa funeraria más antigua aún sin excavar. Además, afloró una estructura arquitectónica de identificación controvertida, y el proceso desencadenó un debate político sobre patrimonio, transparencia y memoria histórica en la ciudad. Badajoz ha estado siempre mirándose en el espejo de su pasado islámico, y lo que ve y sale de su subsuelo no deja de sorprenderla.

La ciudad que duerme bajo el pavimento

Badajoz guarda sus muertos medievales con la misma discreción con que guarda su historia. La ciudad que Ibn Marwan fundó hacia el año 875 como bastión fronterizo y que los Aftásidas convirtieron en una de las taifas más poderosas del occidente andalusí ha ido enterrando sus huellas bajo siglos de superposición urbana. De vez en cuando, una obra municipal levanta el asfalto y devuelve a la luz lo que el tiempo ocultó.

Eso fue exactamente lo que sucedió cuando los operarios de Aqualia —empresa concesionaria del servicio de agua del municipio— comenzaron a abrir zanjas en la Avenida de Huelva para renovar la red de abastecimiento y saneamiento. Las excavaciones, que en algunos tramos alcanzaron los siete metros de profundidad, no tardaron en deparar una sorpresa de dimensiones crecientes.

Bajo el tráfico y el ruido cotidiano de una de las arterias principales de la capital pacense, comenzaron a aparecer huesos: enterramientos organizados, meticulosos en su disposición y cargados de un significado religioso que los arqueólogos identificaron de inmediato. Una maqbara, el cementerio islámico de la Batalyaws medieval, llevaba siglos aguardando bajo el asfalto.

La Crónica de Badajoz (14 abril 2026): «Un matrimonio, un 'mártir' y una embarazada entre los diez enterramientos descubiertos en la excavación arqueológica en la avenida de Huelva de Badajoz». https://www.lacronicabadajoz.com/badajoz/2026/04/14/matrimonio-martir-embarazada-nueve-enterramientos-avenida-huelva-badajoz-129068470.html

La datación provisional, establecida a partir de los primeros análisis estratigráficos y de los propios ritos de inhumación observados, situó el yacimiento en torno al siglo XI, un período central en la historia islámica de Badajoz que coincide con el apogeo de la taifa Aftásida. 

Por entonces, todo pacense que pasaba cerca de esas obras, se asomaba, para contemplar qué es lo que se había descubierto. Muchos ya tenían interés en esos primeros huesos rescatados bajo la tierra. ¿Quiénes eran?

Trabajadores arqueólogos desenterrando esos primeros cuerpos aparecidos en los pocos días de comienzos de la obra. // Fuente: La Crónica de Badajoz


La cronología de los hallazgos

Marzo de 2026: los primeros seis

Los primeros indicios afloraron en marzo de 2026. El equipo de arqueólogos de la Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Patrimonio de la Junta de Extremadura, encargado de la supervisión arqueológica obligatoria, detectó seis enterramientos humanos en la zona próxima al cruce de la Avenida de Huelva con la calle Santa Marina. Las conclusiones preliminares apuntaban con alta probabilidad a que los restos constituían una prolongación de un cementerio islámico ya conocido en la zona.

Mayo de 2026: 27 individuos y la confirmación de la maqbara

A finales de mayo, la Dirección General de Patrimonio comunicó a los medios de comunicación que el estudio antropológico in situ había alcanzado los 27 cuerpos documentados. La datación provisional se situó en torno al siglo XI.


Agosto de 2026: un nuevo muro junto a Menacho y la intervención política

En agosto, tras dos meses de paralización de las obras, afloró una estructura de piedra junto a la estatua del general Menacho, en la misma avenida, cuya naturaleza, antigüedad y valor arqueológico estaban aún por determinar. El hallazgo desencadenó la primera reacción política formal y la exigencia pública al Ayuntamiento de Badajoz para que diera explicaciones sobre el alcance de la intervención arqueológica, reclamando que se informara a la ciudadanía antes de que los restos fueran cubiertos y las obras prosiguieran.

En ese momento, los datos conocidos ya eran notablemente más abultados que los de mayo: la intervención en la maqbara había permitido documentar 29 fosas y restos correspondientes a 37 individuos, con indicios de que quedaban por exhumar aproximadamente otros cinco y, sobre todo, que se había constatado una segunda fase de enterramientos a una cota inferior.


Septiembre de 2026: nuevas tumbas, una estructura en ángulo y la disputa sobre la ermita

La primera semana de septiembre trajo los hallazgos más polémicos: trece esqueletos más y varias estructuras, una de elas con forma de ángulo.

Según la información trasladada desde la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de a Junta de Extremadura, una de esas estructuras correspondería a anexos de baja calidad constructiva vinculados a la ermita de Santa Marina, fechada entre los siglos XV y XVI, que habrían sido utilizados como habitaciones por monjes agustinos antes de su traslado al convento de San Agustín.

Esta interpretación no convenció al historiador José Antonio Hinchado Alba (muy combativo en la red social social Facebook a través de su propio grupo donde muestra y denuncia hallazgos como este), quien acudió personalmente a la excavación. Según explicó a Onda Cero Badajoz, los propios arqueólogos le trasladaron que «es muy aventurero decir que se trate de la ermita, ya que podría ser cualquier cosa». El investigador observó tres nuevas huellas de estructuras en los cortes realizados por las máquinas, que elevarían a siete el número de estructuras visibles, y planteó que el enclave podría albergar restos correspondientes a diferentes épocas históricas: un auténtico, en sus palabras, «popurrí de épocas».

¿No creéis que es muy aventurado decir que eso es una ermita? Se preguntaba el mismo historiador en su publicación de Facebook sobre el tema, puede ser cualquier cosa, desde algo de época abaluartada o anterior, sin descartar sea la ermita; ¿entonces por qué asevera la prensa lo de la ermita? claro, así quitan hierro e importancia al asunto, una ermita es menos importante que un tramo de muralla abaluartada aunque la ermita sea más antigua del siglo XIV al XVI, pero, ¿y si es algo de época medieval cristiana?, o ¿y si es de época islámica?, o ¿y si es de época anterior al Islam, se planteaba este pacense amante de la historia de su ciudad.

Hinchado Alba llamó también la atención sobre una posible estructura hidráulica —una conducción construida con cemento y ladrillo que alcanzaba una profundidad considerable, con tejas de cerámica de forma curva— y apuntó diversas hipótesis: un antiguo sistema de abastecimiento, una alberca, o incluso una represa. También recordó la proximidad del Baluarte de Santiago y del desaparecido Baluarte de San Juan, y los problemas históricos de acumulación de agua en esta zona. El investigador no descartó que la conducción pudiera haber tenido alguna función relacionada con el sistema defensivo de la ciudad.

Imagen de esa estructura en forma de ángulo que realizó el mismo José A. Hinchado y publicó en su página de Facebook: José Antonio Hinchado Alba. Desvelando secretos.

El lenguaje de los huesos: el rito islámico de inhumación

En arqueología, la forma en que se entierra a los muertos habla con la misma elocuencia que cualquier documento escrito. En este caso, los restos de la Avenida de Huelva mostraban con claridad inequívoca su adscripción cultural e identidad religiosa: se trataba de inhumaciones en posición de decúbito lateral, con el cuerpo depositado de lado y el rostro orientado hacia el sureste, mirando a La Meca.

La estratificación de los enterramientos en varios niveles superpuestos es igualmente significativa desde el punto de vista histórico indicaba que la necrópolis no fue el resultado de un acontecimiento puntual —una epidemia, un desastre, una batalla—, sino de una práctica funeraria continuada a lo largo de generaciones, lo que habla de una comunidad estable y arraigada en la ciudad durante un período prolongado.

En algunas de esas tumbas, se hallaron restos infantiles y perinatales, entre varios individuos completos con fosas compartidas. Según un informe realizado por la empresa arqueológica, Kairós26, reveló un estrés biológico de una población que sufrió duras condiciones de vida en la frontera andalusí.

«Los restos parciales y alterados evidencian las remociones antiguas o daños mecánicos modernos, con cráneos seccionados o huesos largos aislados», añadió el estudio de la empresa del cual se hizo eco medios como el diario HOY. El rito islámico de enterramiento seguía un patrón de homogeneidad ritual consolidado en al-Ándalus desde el siglo X. Se realizaba con orientación del rostro girado hacia La Meca, en postura decúbito lateral derecho, en una fosa individual, con el cuerpo amortajado y protegido. Los cadáveres fueron colocados boca abajo, con las extremidades inmovilizadas o en posiciones forzadas, con inhumaciones múltiples simultáneas con signos de violencia post-mortem.

Imagen de la misma empresa Kairós26 en su apartado de proyectos destacados en su página web: https://kairosarqueologia.com/

Según el informe de la empresa Kairós26, que publicó HOY a principios de agosto de 2026: «Los restos parciales y alterados evidencian las remociones antiguas o daños mecánicos modernos, con cráneos seccionados o huesos largos aislados». El rito islámico de enterramiento seguía un patrón de homogeneidad ritual consolidado en al-Ándalus desde el siglo X. Se realizaba con orientación del rostro girado hacia La Meca, en postura decúbito lateral derecho, en una fosa individual, con el cuerpo amortajado y protegido. Sin embargo, en siete fosas se rompe de forma abrupta ese patrón. Se localizaron cadáveres colocados boca abajo, con las extremidades inmovilizadas o en posiciones forzadas, con inhumaciones múltiples simultáneas con signos de violencia post-mortem. Tres casos desafían el patrón funerario, sugiriendo para los investigadores un contexto punitivo o cautivo. En uno de los casos, el esqueleto aparece maniatado por la espalda, con incrustaciones de metal aún presentes en los huesos. En varios enterramientos, la mano derecha estaba desplazada intencionadamente hacia la espalda, señal que para los arqueólogos indica una condena teológica ejecutada físicamente sobre el cadáver. Los análisis también reflejan una población sometida a una intensa actividad física y afectada por enfermedades infecciosas crónicas propias de comunidades urbanas medievales, con posibles evidencias compatibles con tuberculosis, meningitis o brucelosis.

Imágenes recreadas en 3D proporcionadas por la empresa Kairós a HOY sobre los cuerpos hallados en sus tumbas.


Unas gentes que vivieron unos tiempos difíciles, sin duda. Unos restos exhumados que fueron analizados y trasladados a los almacenes del Museo Arqueológico Provincial esperando que algún día los pacenses puedan verlos expuestos y preguntarse quiénes fueron. Aunque esto también causó polémica, porque algunos prefirieron que quedaran enterrados bajo el subsuelo, “¡que dejen a los muertos en paz!”, que ese es el gran problema con el que se encuentra un arqueólogo cuando desentierra un cuerpo de alguien que en su momento respiró, comió, durmió, pensó y hasta se emocionó como tú y como yo en estos tiempos. 

El medio centenar de cuerpos que fueron desenterrados han dejado una huella marcada en este enclave céntrico y comercial de la ciudad. Al final, la Avenida de Huelva seguirá siendo uno de los bulevares más transitados por la cantidad de edificios institucionales y con un enorme Corte Inglés que comanda con toda su altura a mayor concentración de personas que entran en sus instalaciones. Toda la zona siempre ha sido un lugar ‘caliente’ a nivel arqueológico e histórico, con miles de personas concentradas en fiestas populares de la ciudad como los Carnavales o los pasos de la Cabalgata de Reyes, con más decenas de cuerpos que vivieron en su momento en esta ciudad emblema de la época musulmana esperando algún día su momento de salir a la luz, o quedar enterradas para siempre hasta que una nueva obra de grandes dimensiones destape ese misterio.

El hallazgo puso de relieve, una vez más, la tensión permanente entre la urgencia de unas obras de infraestructura urbana y la necesidad de preservar el patrimonio arqueológico (con el calvario que eso ha supuesto siempre en una ciudad como Badajoz, por sus antecedentes). El Ayuntamiento de Badajoz, promotor de la intervención en la Avenida de Huelva y responsable último de los trabajos, mantuvo el proyecto de transformar la vía en una plataforma única para mejorar la movilidad peatonal, pero la normativa de patrimonio impuso condiciones estrictas.

La Dirección General de Patrimonio de la Junta de Extremadura exigió una supervisión arqueológica continua y dio instrucciones claras: las obras podían proseguir únicamente en las zonas no afectadas por los enterramientos. En las áreas donde afloraban restos humanos o indicios de yacimiento, los trabajos debían detenerse hasta completar la documentación arqueológica. Este protocolo, habitual en las intervenciones de arqueología urbana de urgencia, permite compatibilizar el avance de la obra con la salvaguarda del patrimonio, aunque no siempre sin dificultades.

El proceso seguido en la Avenida de Huelva incluyó el estudio antropológico in situ de cada individuo antes de su extracción, documentando la posición del cuerpo, la orientación, la estratigrafía del entorno y cualquier elemento asociado. Una vez concluida esa fase, los restos fueron trasladados a los almacenes del Museo Arqueológico de Badajoz para su conservación y estudio posterior. Allí, los técnicos realizan análisis de ADN antiguo y pruebas de carbono-14, técnicas que permitirían determinar con mayor precisión la cronología de los individuos, así como obtener información sobre su dieta, origen geográfico y posibles enfermedades padecidas.

Un archivo histórico irremplazable que requiere una excavación completa, como expresaron los primeros arqueólogos que estudiaron esos restos, por eso, la «memoria de Batalyaws sigue viva bajo el asfalto». O como bien dijo el historiador e investigador, José A. Hinchado Alba: «Existe un oscurantismo y un afán de esconder todo; hay mucha gente que queremos saber qué hacían nuestros antepasados, cómo vivían y cómo actuaban». 

Fotografía de los restos de las tumbas halladas en esa carretera de la Avenida de Huelva (lado derecho según la acera del Gobierno Civil), realizada por el historiador José A. Hinchado Alba. Facebook: José Antonio Hinchado Alba. Desvelando secretos.

Una memoria que ya asomó: el baluarte de Santiago

El hallazgo de la Avenida de Huelva no surgió de la nada. La hipótesis técnica más sólida elaborada por los arqueólogos señalaba que este yacimiento constituye una prolongación de la maqbara* descubierta aproximadamente veinticinco años atrás, durante la construcción del aparcamiento subterráneo en el interior del baluarte de Santiago, conocido popularmente como aparcamiento de Menacho.

La palabra árabe maqbara designa un lugar de enterramiento. La posición de una maqbara puede ayudar a reconstruir por dónde crecía una medina, qué caminos salían de ella y qué espacios quedaron reservados para los vivos y para los muertos. // Fuente: El Reto Histórico (3 sept. 2026): «Aparecen nuevas tumbas islámicas bajo una avenida de Badajoz»

Aquella excavación, dirigida por el arqueólogo Ildefonso Ramírez González, había sacado a la luz una necrópolis musulmana de los siglos X-XI con centenares de sepulturas, a la que los investigadores identificaron con la llamada Maqbara al-Marda (cementerio de enfermos), una de las tres grandes necrópolis islámicas de Batalyaws documentadas en la historiografía local. Los restos de la muralla anterior a la construcción del baluarte abaluartado del siglo XVIII quedaron también al descubierto en aquella intervención, y hoy pueden contemplarse desde el interior del aparcamiento.

Ese precedente otorgaba al subsuelo de la zona meridional de Badajoz un estatuto de sensibilidad arqueológica que la supervisión de las obras de 2026 volvieron a poner a prueba, y a confirmar. La nueva necrópolis de la Avenida de Huelva vendría así a ampliar hacia el oeste el perímetro conocido de esa misma maqbara o de otra asociada a ella, redibujando los contornos de la ciudad de los muertos de la Batalyaws andalusí.

Los cementerios extramuros de Batalyaws

El período de mayor esplendor de la Badajoz islámica coincide precisamente con la datación preliminar de la necrópolis de la que estamos hablando: el siglo XI, durante el reinado de la dinastía Aftásida (1022-1094). En esa época, Badajoz fue capital de un poderoso reino de taifas con una población estimada en torno a los 25.000 habitantes, una corte cultivada que atrajo a poetas y sabios, y una Alcazaba que se engrandecía como sede del poder dinástico.

En las ciudades islámicas medievales, las normas religiosas y de salubridad pública imponían la ubicación de los cementerios fuera del perímetro amurallado. Esta exigencia respondía a la vez a preceptos del derecho islámico y a criterios de higiene: los muertos debían mantenerse separados del espacio de los vivos, fuera de las murallas, para preservar la pureza ritual del interior urbano. La necrópolis de la Avenida de Huelva, situada en la zona que en el siglo XI quedaba a extramuros de Batalyaws, encaja perfectamente con este modelo de organización del espacio funerario andalusí.

La arqueología de al-Ándalus ha documentado este patrón en innumerables ciudades de la Península: maqâbir (plural de maqbara) dispuestas junto a los caminos principales que salían de las puertas de la muralla, formando una «corona» de cementerios que rodeaba el núcleo habitado. En Badajoz, la ubicación del yacimiento cerca del cruce con la calle Santa Marina, en la salida hacia el sur y el suroeste de la ciudad medieval, responde con precisión a esta lógica topográfica.

Fosas fotografiadas por el historiador José A. Hinchado Alba y publicadas en su grupo de Facebook.


Lo que nos dicen los muertos: perspectivas de la investigación

Más allá del impacto mediático inmediato, el hallazgo de la Avenida de Huelva abre perspectivas de investigación de largo alcance para la arqueología andalusí y, en particular, para el conocimiento de Batalyaws. Cada individuo documentado es, en potencia, una fuente de información sobre la población medieval de la ciudad: su estructura demográfica, sus condiciones de vida y de salud, sus vínculos de parentesco, su procedencia.

Los análisis de isótopos estables, por ejemplo, pueden revelar si los individuos eran nacidos en la propia ciudad o si procedían de otras regiones del al-Ándalus o del norte de África, algo especialmente relevante para entender los movimientos de población en la Badajoz del siglo XI. Los estudios de ADN mitocondrial y de cromosoma. Y pueden aportar datos sobre la estructura genética de la comunidad y sus relaciones con otras poblaciones históricas.

Desde el punto de vista histórico-urbano, el hallazgo contribuye a reconstruir con mayor precisión los límites de la Batalyaws islámica y la disposición de sus necrópolis extramuros. Combinado con los datos de la excavación del baluarte de Santiago y con las fuentes escritas árabes medievales, permite avanzar en la comprensión de la topografía funeraria de la ciudad andalusí, un elemento clave para entender la organización del espacio urbano y los sistemas de creencias de sus habitantes.

El hallazgo se enmarca, además, en una renovada atención académica al estudio de las maqâbir andalusíes. Obras recientes como el volumen colectivo coordinado por Bilal Sarr Marroco (Universidad de Granada), publicado en 2024 bajo el título 'Maqbara. Espacios, rituales y ceremoniales de enterramientos islámicos', han dado nuevo impulso a este campo de investigación, actualizando y ampliando el análisis de las necrópolis islámicas como espacios centrales para comprender los procesos de islamización, el desarrollo urbano y la construcción simbólica del territorio.

Restos del matrimonio encontrado durante la excavación arqueológica en la avenida de Huelva de Badajoz.


A fecha de octubre de 2026, la excavación de la Avenida de Huelva sigue abierta y los hallazgos continúan. Según la Junta de Extremadura, no existe una fecha cerrada para la finalización de la obra, y la excavación podría deparar nuevos restos que obliguen a adaptar el desarrollo de los trabajos. Lo que se ha estudiado hasta ahora representa aproximadamente una cuarta parte del ámbito arqueológico detectado.

Las preguntas abiertas son múltiples. En el plano bioantropológico: ¿cuántos individuos componen en realidad la maqbara en este sector? ¿Qué revelan los análisis de los enterramientos con características divergentes del rito mayoritario? ¿Qué dicen los estudios isotópicos y genéticos —si se han iniciado— sobre la procedencia y el parentesco de los individuos? En el plano histórico-arqueológico: ¿cuál es la extensión total de la necrópolis y cómo se relaciona con la conocida en el baluarte de Santiago? ¿Qué hay en la segunda fase de enterramientos a cota inferior? ¿A qué corresponde realmente la estructura en ángulo?

La combinación de datación por carbono-14, análisis de isótopos estables y, cuando la conservación lo permita, estudio de ADN antiguo podría proporcionar respuestas de gran alcance: no solo sobre la cronología, sino sobre la movilidad poblacional, la estructura social y las condiciones de vida de la comunidad islámica que enterró a sus muertos en este espacio durante generaciones.

El hallazgo también abre una pregunta de fondo sobre la topografía funeraria de Batalyaws: si la maqbara de la Avenida de Huelva y la del baluarte de Santiago forman parte de un mismo cementerio continuo, su extensión combinada podría resultar mucho mayor de lo que hasta ahora se suponía, redibujando de manera significativa el mapa de la ciudad andalusí.











 

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