El regreso de Artemis II y el futuro de las misiones lunares

En esta sección comentamos brevemente cómo fue el amerizaje de Artemis II, el pasado 11 de abril de 2026, algo que ya es histórico en las misiones espaciales de la NASA.

Analizamos en ciertos aspectos algunos estudios relacionados con la salud de los astronautas de cara a futuras misiones con el problema de la microgravedad.

Y terminamos con el plan de la NASA de cara a las futuras misiones Artemis III y Artemis IV, donde se quiere establecer una misión permanente a la Luna.

¿Lo conseguirán o antes llegarán los chinos?

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La misión Artemisa II terminó exitosamente con el amerizaje de la cápsula Integrity en el océano Pacífico el pasado 11 de abril de 2026. Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen amerizaron a unos 70 kilómetros de la costa de Norteamérica y fueron recogidos por personal del portahelicópteros USS John P. Murtha. De esa manera, finalizó la primera misión a la Luna del siglo XXI, con una duración total de 9 días, 1 hora y 32 minutos (desarrollada, no obstante, en diez días de misión). La tripulación hizo recorrido un total de 1.117.659 kilómetros y son los primeros humanos en completar una misión fuera de la influencia gravitatoria terrestre desde el Apolo 17 en diciembre de 1972 y los primeros en realizar un sobrevuelo lunar sin alunizaje desde el Apolo 13 en abril de 1970.


En la fase más crítica y peligrosa de esta misión, Artemisa II reentró en la atmósfera terrestre a una velocidad de 39 688 km/h, por lo que no superó el récord de velocidad del Apolo 10 de 1969 (39.897 km/h). Los astronautas, cabeza abajo, podían ver la Tierra y cómo se formaba el plasma alrededor de la cápsula. Este plasma sería el causante de que se interrumpieran las comunicaciones durante unos cinco minutos.


Los expertos dicen que Artemisa II ha sido un éxito completo técnico y mediático para la NASA y, sin duda, encarrila un programa que ha sufrido todo tipo de críticas y ha acumulado numerosos retrasos. Para el astrofísico y divulgador Daniel Marín, con el regreso exitoso se han disipado las dudas sobre la viabilidad del escudo térmico de la nave Orión, aunque, a partir de Artemisa III se utilizará un nuevo diseño. Artemisa II ha demostrado que el cohete SLS y la nave Orión pueden llevar humanos a la Luna. Ahora queda desarrollar, lanzar y poner a punto la parte más difícil del programa: los módulos lunares HLS de SpaceX y Blue Origin, que todavía se encuentran muy poco maduros. Si la NASA quiere que Artemisa IV alunice en 2028, le queda mucho trabajo por delante.

Sistema de paracaídas de Orión (chutes.nl)


Dos curiosidades sobre la salud de los astronautas en su regreso


Hay algo que mucha gente no se habrá dado cuenta y que bien lo cuenta La Razón en su apartado dedicado a Ciencia: ¿por qué los astronautas han tenido que pasar 14 días aislados del mundo antes de embarcar en esta difícil misión, y luego al volver se les ha recibido sin más sn pasar por una cuarentena? Porque el peligro de los virus, de las bacterias y la fragilidad invisible de nuestra salud esá en nuestra vida cotidiana, es decir, en la Tierra. Por eso, los cuatro miembros de la tripulación tuvieron que pasar un programa de “estabilización de la salud” en el cual han tenido que pasar durante dos semanas previas al lanzamiento aislados, evitando lugares públicos, usando mascarillas y limitando el contacto humano solamente a sus respectivas familias precisamente por el hecho de que coger un simple resfriado podría afectarles en órbita, en este caso, puede impedir compensar la presión en los oídos durante un cambio de cabina; una infección leve puede volverse seria en un entorno donde el sistema inmunitario se debilita. Y, sobre todo, que algo que parece leve en la Tierra, y que solamente puede curarse con reposo, antibióticos y yendo a un centro de salud cercano, a cientos de miles de kilómetros del planeta y durante 10 días en un habitáculo pequeño podría convertirse en normal no solo para el que lo sufre, sino para los demás compañeros.


Entonces, el riesgo máximo de la salud de estos astronautas ha estado en los días previos, no en la llegada, ¿y por qué a la vuelta no? Pues como responde Juan Scaliter al escribir este artículo en la fuente mencionada en el párrafo anterior: porque no hay nada que “traer de vuelta”. Y esta ha sido otra gran diferencia con las misiones Apolo de los años sesenta y setenta, cuando por aquel entonces sí existía un miedo real a la contaminación extraterrestre, y entonces los astronautas eran aislados, junto con las muestras lunares, por si acaso habían entrado en contacto con microorganismos desconocidos. Era una precaución lógica en una época en la que sabíamos muy poco sobre otros mundos.


Pero aquellas cuarentenas post-misión desaparecieron -precisamente- tras aquellas primeras misiones Apolo porque la Luna es un entorno extremadamente hostil para la vida: sin atmósfera, sin agua líquida estable, bombardeada por radiación. La probabilidad de que un astronauta traiga consigo un patógeno lunar es, en la práctica, nula.


Estos astronautas sí han tenido que pasar por controles médicos exhaustivos, pero no para ver si se han traído "algo" del espacio, sino para protegerlos a ellos de los patógenos que contiene la Tierra. Y esto es porque después de la semana y media que han estado fuera y en órbita en una nave espacial, han perdido masa ósea, su sistema cardiovascular se ha adaptado a la microgravedad, ha cambiado su equilibrio,... es decir, necesitan readaptación, empezando por volver a caminar.


La última misión lunar estadounidense que regresó a la Tierra, el Apolo 17, no tuvo que someterse a cuarentena a su regreso en 1972. De todas maneras, el caso de la Luna no tendría nada que ver si se consiguieran visitar otros planetas, porque todavía desconocemos si hay vida biológica y cuán peligrosa podría ser una vez se cruzara esa frontera. Por lo tanto, y si alguien le interesa leerlo, la NASA tiene publicado un protocolo de 62 páginas donde cuenta algunas de las medidas anticontaminación que se tomarían.




Por lo tanto, y como firma el autor de este trabajo de divulgación periodístico: Antes del viaje, se protege la misión del cuerpo humano. Después, se protege el cuerpo humano del regreso.

Glover y Koch ya en la cubierta del USS John P. Murtha (NASA).



¿Y tanto puede afectar la microgravedad en el organismo humano? Pues sí, si nos fijamos en este estudio que se publicó en enero de este año en la revista científica PNAS y que lleva por título "Desplazamiento cerebral y deformación no lineal tras vuelos espaciales tripulados", donde uno de los aspectos que trata es el que el cerebro cambia de posición dentro del cráneo. Este desplazamiento, detectado mediante resonancias magnéticas, afecta a astronautas tras estancias tanto cortas como prolongadas en el espacio. Por eso, Reid Wiseman, comandante de la misión Artemis II, se atrevió a decir durante la comparecencia de prensa tras la misión que: “Las mentes humanas no deberían pasar por lo que acabamos de pasar”, poniendo el foco en el impacto emocional de una escena tan extraordinaria como inquietante. Y Wiseman se refería a ese tránsito cuando la nave Orión estaba pasando por la cara oculta de la Luna, después de perder ese instante visible de la Tierra marcando el inicio de un apagón de comunicaciones de 31 minutos con el centro de control en Houston. A ese fenómeno se lo conoce como earthset.

Reid Wiseman, junto a Jeremy Hansen tras el amerizaje de la nave Orion.


Un equipo liderado por la fisióloga Rachael Seidler analizó los cerebros de 26 astronautas antes y después de sus misiones, comparándolos con participantes en experimentos terrestres que simulan la microgravedad. Los resultados (publicados en un estudio que puede verse en PNAS) muestran que el cerebro tiende a desplazarse hacia atrás y hacia arriba, además de inclinarse en el interior del cráneo. En misiones de mayor duración, los investigadores observaron desplazamientos de hasta 2,52 milímetros, una cifra aparentemente pequeña, pero relevante desde el punto de vista neurológico. Estos cambios, además, pueden mantenerse durante meses tras el regreso a la Tierra. Uno de los hallazgos más significativos que cuenta este estudio es el cómo afectan esos cambios y el equilibrio de los astronautas. Las zonas cerebrales vinculadas al sistema sensorial y al control motor mostrarían alteraciones que se traducen en dificultades para recuperar la estabilidad al volver a la gravedad terrestre. Los científicos constataron que aquellos astronautas con mayores desplazamientos en estas regiones presentaban peores resultados en pruebas de equilibrio tras el aterrizaje.

Los efectos de la microgravedad en el cerebro deberán ser analizados en los astronautas de Artemis II.



Y otro problema que ya fue destacado en el verano del año pasado fue el deterioro de la visión durante las estancias prolongadas en microgravedad. El trastorno se conoce como síndrome neuro-ocular asociado a los vuelos espaciales (SANS) y ya afecta a más del 70 % de quienes han participado en misiones de larga duración en la Estación Espacial Internacional. Los síntomas incluyen visión borrosa, dificultad para leer y alteraciones visuales que, en muchos casos, persisten incluso tras regresar a la Tierra. El doctor Michael Roberts, responsable del programa de investigación sobre visión espacial de la NASA, ha advertido que "necesitamos saber si estos cambios se estabilizan o continúan empeorando con el tiempo. Un astronauta con la visión comprometida podría poner en peligro una misión completa a Marte". Para combatir este problema, la NASA está desarrollando diversas soluciones: desde lentes de contacto específicas y medicamentos para reducir la presión intracraneal, hasta rutinas de ejercicio adaptadas a la microgravedad. Una de las propuestas más avanzadas es la VIIP chamber, una cámara experimental que simula condiciones de presión similares a las terrestres en la zona ocular. El objetivo es garantizar que los tripulantes conserven sus capacidades visuales durante todo el trayecto.

La tripulación en la balsa tras dejar Integrity (NASA).


Ya en un estudio previo realizado con ratones, detectaron que la microgravedad puede provocar daños estructurales notables en las extremidades posteriores (fémur), especialmente en las zonas próximas a la articulación de la cadera y la rodilla. En condiciones normales, los astronautas pueden perder cerca del 1 % de su densidad ósea por cada mes en microgravedad. Por ello, los efectos son irreversibles porque estudios anteriores indican que gran parte de esa pérdida no se recupera tras volver. La NASA investiga soluciones como cintas de correr con arneses o sistemas de resistencia mecánica para frenar la pérdida de masa ósea en misiones prolongadas.

La tripulación frente a la cápsula Integrity en el USS John P. Murtha (NASA).


La NASA ya piensa en Artemis III para 2027


la NASA ya está puesto en el desafío siguiente: Artemis III, la operación que pondrá a prueba la capacidad de la humanidad para volver a caminar sobre la Luna y establecer una presencia duradera. La planificación de Artemis III comenzó incluso antes de la recuperación de la tripulación en el Pacífico, lo que demuestra la premura y el compromiso institucional. La expectativa se centra en el objetivo principal: Artemis III será la primera misión tripulada que intentará acoplar la cápsula Orion con uno o ambos módulos de aterrizaje desarrollados por SpaceX y Blue Origin (que lideran respectivament Elon Musk y Jeff Bezos). El calendario oficial prevé el lanzamiento de Artemis III a mediados de 2027. Si la operación resulta exitosa, el programa avanzará hacia Artemis IV, que llevará astronautas a caminar por las inmediaciones del polo sur lunar y abrirá el camino para construir una base permanente antes de 2032. El legado de Artemis II marca el inicio de esta nueva etapa y el éxito de Artemis III será determinante para la credibilidad y continuidad del programa.


La misión Artemis III no buscará descender inmediatamente sobre la superficie lunar. El administrador de la NASA, Jared Isaacman explicó que existen dos opciones principales para la órbita de Artemis III: la órbita terrestre baja y la órbita terrestre alta. La elección de la órbita no es un asunto menor. El éxito de Artemis III depende de la capacidad de sincronizar los lanzamientos de Orion y los vehículos desarrollados por SpaceX y Blue Origin, así como de probar en vuelo real el acoplamiento y la transferencia segura de astronautas y carga entre los módulos.


Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA, anunció que la selección de la tripulación de Artemis III se anunciará “pronto”, aunque evitó precisar fechas. El perfil de los seleccionados responderá a criterios de experiencia, diversidad y capacidad para operar en entornos extremos.

Justo antes de que la tripulación de Artemis II pasara por detrás de la Luna, capturaron esta imagen de la Tierra en forma de media luna poniéndose en el borde lunar.



A finales de febrero , la NASA anunció que preveía dos misiones a la Luna en 2028 y que la de 2027 fuera solo un viaje en órbita terrestre baja. Pero viendo el éxito de esta segunda misión, quién sabe si el plan podría cambiar y adelantarse. Lo que está claro, como dijo el propio Isaacman, es que podríamos tener lanzamientos cada 10 meses en vez de cada año.

La Tierra se hace grande en esta imagen tomada una media hora antes de la separación del ESM-2 (NASA).


Ahora, como expresó Isaacman en un comunicado de prensa oficial de la NASA a finales del pasado mes de marzo: "El reloj corre en esta competición entre grandes potencias, y el éxito o el fracaso se medirá en meses, no en años". Según un informe del 9 de marzo de la Oficina del Inspector General de la NASA, el pilar fundamental de esta ambición lunar —el colosal módulo de aterrizaje Starship de SpaceX— simplemente no estará preparado para alunizar en 2027. En un informe completo que se publicó en esa misma fecha se nos dice también que el Space Launch System, el cohete fabricado por Boeing que Isaacman criticó en el pasado, sigue plagado de problemas. Con todos los componentes críticos de la cadena de suministro acumulando enormes retrasos, construir un hábitat extraterrestre permanente en dos años no es un plan viable, sino más bien un sueño imposible.


Una de las diapositivas del plan. (NASA).


Pero para avanzar todo ello, acortar plazos, y generar un gran cambio en esta renovada carrera espacial actual, la NASA ha creado la iniciativa Ignition: un puesto avanzado de 10.000 millones de dólares en tres fases, comenzando con un aluvión incesante de módulos robóticos privados cargados de instrumentos científicos y generadores termoeléctricos de radioisótopos —unas robustas cajas metálicas con plutonio en desintegración que liberan calor y electricidad de forma continua para sobrevivir a las brutales noches lunares a temperaturas bajo cero—. Esta nueva iniciativa ha generado la suspensión del Lunar Gateway, una estación espacial proyectada que de haberse llevado a cabo habría orbitado la Luna como si fuera un peaje cósmico. Los aliados internacionales de Estados Unidos en materia espacial se quedaron con un rastro de estupor y de enfado (como el caso de la ESA).






 

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