LOS SACAMANTECAS

Un ser que se origina prácticamente en la pura tradición oral y que ha trascendido de generación en generación como un monstruo “roba niños”, porque prácticamente se mencionaba su nombre como forma de asustar a los niños cuando no hacían caso de sus padres, o como forma de castigo incluso. Todos lo conocemos con el sobrenombre de el “Honbre del Saco”.

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El “sacamantecas” originalmente nace de casos de asesinos a finales del siglo XIX y principios del XX aunque en verdad de siglos anteriores se viene hablando de un prototipo de asesino más especial, el que asesinaba para comerciar jabones y ungüentos hechos con la grasa corporal de los niños (o de mujeres también) ya que antiguamente se creía que si uno se untaba con grasa de niño podría rejuvenecerse. Así que su figura nace propiamente en la mitología hispánica de la Edad Media hasta que llegó a creerse aún más de que era cierta esa leyenda cuando surgieron algunos asesinos famosos de niños en el siglo XIX y principios del XX.

Juan Díaz de Garayo: el primero


Uno de esos primeros casos fue el de Juan Díaz de Garayo, conocido como “el sacamantecas vitoriano” y es que este señor consiguió ser uno de los primeros asesinos en serie de nuestra historia al haber asesinado y violado a seis mujeres entre los años comprendidos de 1870 a 1879 y cuyas víctimas fueron en su mayor parte prostitutas y a todas las mataba rajándole el vientre, ¿qué otro asesino se hizo famoso por ese modus operandi tan especial?....sí, el engmático Jack El Destripador que aún no se conoce su verdadera identidad, de hecho el caso de Juan Díaz de Garayo fue anterior a los famosos crímenes del Londres victoriano de ese mismo siglo lo que pasa que éste no es tan conocido por el hecho de que en este caso se sabe quién fue su autor y en el caso de Jack pues no se sabe con certeza quién pudo haber sido aunque hay muchas teorías.

En el caso de este campesino de Álava (Vitoria) él mismo llegó a reconocer sus crímenes explicando cómo forzaba a esas mujeres que hacían la calle, y después de cometer el delito sexual las estrangulaba y les desgarraba el vientre con un cuchillo. Sus primeros casos no llegaron a ser esclarecedores pero posteriormente se sabrían que él lo que hacía es que siempre les ofrecía poco dinero para realizar el acto y como éstas tenían sus tarifas pues lo rechazaban, y ese rechazo era que De Garayo se convirtiese en el monstruo que fue.

Sus dos primeras víctimas fueron dos mujeres adultas, la primera prostituta y la segunda una viuda a la que convenció de mantener relaciones si a cambio le pagaba un tributo. Y a la tercera víctima cambió de objetivo, ya que en esta ocasión fue una niña de sólo 13 años de edad a la cual violó y asesinó como hizo con sus dos primeras víctimas.

Después de su cuarta víctima que de nuevo fue una joven prostituta se pasa siete años sin apenas matar hasta que es capturado a principios del mes de septiembre de 1879 justo cuando asesinó a sus dos últimas víctimas que fueron de nuevo una joven y una mujer adulta entrada en los 50.

Fue capturado de una manera anecdótica porque fue precisamente una niña quien lo delató, paseaba con su madre cuando ve el rostro de Juan Díaz de Garayo y como por entonces el ya conocido “sacamantecas de Vitoria” estaba en búsqueda y captura sin saber quién era pues a esta niña se le pasó por la cabeza que alguien con un aspecto horrible debía ser aquel asesino por lo que, causalidades de la vida, una niña, de las víctimas favoritas de este tipo de asesinos, se pone a gritar señalando que ese hombre de aspecto extraño era el auténtico sacamantecas. Lo hizo por intuición, y acertó. Así que lo trasladan a un cuartelillo y confiesa todos sus crímenes con pelos y señales.

Ahora bien, ¿por qué este señor está considerado un “sacamantecas”? pues precisamente por esa forma de raja tan especial que dejó en los vientres de algunas de estas muchachas. Y esto nos lleva a recordar la vieja leyenda de esa España profunda de principios del siglo XIX cuando se pensaba que si te untabas con la grasa de una joven hermosa o de un niño/a podías curarte de alguna enfermedad, y de ahí que muchas familias adineradas contrataran a tipos sin escrúpulos, solitarios y necesitados de dinero como este campesino aunque él siempre llegó a mencionar que estos asesinos los cometió por orden del “diablo” en forma de una sombra negra que le ordenó que cometiera aquellos crímenes.
Fue condenado a garrote vil en el año 1881 después de los juicios por sus crímenes y su cadáver fue expuesto de forma pública para que se viera bien cómo era este sanguinario.

Una vez condenado este señor, se le hicieron exámenes médicos a su cráneo destacándose la descripción que hizo por entonces el forense Bernardo de Quirós cuyo cráneo de Juan Díaz de Garayo parecía el de un “neandertal”, con un rostro “asimétrico” y “mandíbula prominente” y que era todo “un enigma de la antropología”. Y es que hubo mucho interés en examinar su cráneo hasta el punto que varios antropólogos de otros países llegaron a Vitoria para su estudio.

Romasanta: un caso especial más ligado a la licantropía

Recreación del aspecto de M. B. Romasanta, el buhonero que aterrorizó tierras gallegas en el pasado.

En el caso de Manuel Blanco Romasanta no está tan ligado a los sacamantecas pero sí se le acusó de ser uno de ellos porque al ser un antiguo buhonero que vendía grasas para para ruedas de carros y molinos pues se le llegó a tildar como un asesino de este tipo y de hecho lo fue, pero este caso debería ser tratado más por la parte de la enfermedad licantrópica que tuvo ya que asesinó a varias personas pero de otra forma distinta.

Francisco Leona: El veradero “Hombre del Saco”


El origen del nombre “Hombre del Saco” viene de este caso. Ocurrió en el año 1910, en una localidad de Almería llamada Gádor. Como la tuberculosis estaba afectando demasiado a la población ya desde siglos anteriores, muchos acudían a curanderos o personas más apegadas a los remedios naturales para saber si se le podría buscar una solución a esta enfermedad. Así que de esta forma Francisco Ortega, conocido en aquel pequeño pueblo como “El Moruno” acude a una curandera llamada Agustina Rodríguez que le recomienda a un tal Francisco Leona, otro curandero con pasado barbero que ya era conocido por antecedentes criminales. Éste le dice que tiene el remedio para su enfermedad: tiene que beber la sangre fresca de un niño completamente sano y untarse en el pecho las mantecas (grasas) aún calientes y recién sacadas de la criatura. De esa forma, según él, sanaría enseguida.

Así que Ortega, ya desesperado le paga unos 3 mil reales para que el mismo Francisco Leona le buscara ese remedio, él mismo se ofreció y él mismo comienza esa aventura de ir de finca en finca ofreciendo a los campesinos dinero a cambio de uno de sus hijos. La cosa no fue fructífera así que, junto a otro individuo llamado Julio Hernández “El Tonto” (hijo de la curandera Agustina) planean el rapto del primer niño que verían extraviado por la calle.

Y la víctima que escogen es la de Bernardo González Parra, un niño de siete años que lo ven como despistado y jugando solo por la calle así que lo duermen primero con cloroformo para que no chillara y lo meten directamente en un enorme saco para que fuera más fácil su traslado y así no los viese nadie. Una vez trasladado a un cortijo alejado del pueblo, preparan al niño de tal manera que lo que primero le hacen es cortarle en una de sus axilas para extraer su sangre, sería lo primero que tendría que tomar Ortega para comenzar su cura: un vaso de sangre con azúcar.

Al niño lo mata directamente Julio “El Tonto”, con una gran piedra y a sangre fría le golpea con ella en su cabeza mientras que Leona le abría el vientre y extrae la grasa para envolverla en un pañuelo y que Ortega se la expandiera por el pecho como así le indicaron. Cuando acaba el ritual, al niño lo entierran con hierbas y piedras en un lugar alejado de todo el pueblo para que nadie lo encontrara.

El caso se resuelve gracias a una traición, primero de Francisco Leona hacia Julio “El Tonto” cuando no le paga su parte prometida por el asesinato, así que éste (no cumpliendo el significado de su apodo) le cuenta a la Guardia Civil que había encontrado el cuerpo de un niño mientras estaba cazando liebres. Y no sólo eso, sino que Julio les cuenta que por sus antecedentes podría haber sido Francisco Leona.

Al final los dos confiesan que lo cometieron y la Guardia Civil detiene a todas las personas implicadas en este caso, no sólo a estos dos personajes que cometieron el rapto y la muerte del pobre Bernardo sino también a José (otro hijo de la curandera Agustina) que fue condenado a 17 años de cárcel (quedando absuelta su mujer que también participó). Julio “El Tonto” también es condenado y Leona fue condenado al garrote vil pero muere previamente en la cárcel.

Enriqueta Martí: La Vampira de Barcelona

Enriqueta Martíno está considerada como una sacamantecas pero al igual que el caso de Romasanta es un caso especial. Otro caso real en el que muchos niños fueron asesinados para sacar sus grasas y venderlas en un mercado negro muy floreciente en  la Barcelona de 1912. Otro caso con lectura muy diferente.




 

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