LA SECTA "LOS NIÑOS DE DIOS"




La secta “Los niños de Dios” nace en California en los años 60 de la mano de David Berg (también llamado Moisés David o Padre Mo) un gurú espiritual y profeta del sexo, manipulador de las Sagradas Escrituras e iluminado predicador del ‘amor libre’. Un personaje especialista en el mangoneo y el secuestro de voluntades de adultos y, sobre todo, de niños. Un hombre con un trauma bastante difícil provocado desde que era menor, ya que Berg sufrió abusos sexuales e incestuosos por adultos de ambos sexos que marcaron su singular carrera evangélica. La secta que llega a formar se expande rápido por Europa y llega a España en los 70 cuando Moisés David establece una comuna orgiástica en la isla de Tenerife.

Un grupo de doctrina apocalíptica con bases cristianas que interpreta la Biblia a su antojo para convertir el amor fraternal en pornográfico. En este grupo tienen la creencia de que el sexo es un regalo divino y su interpretación se hace a través de un manual de protocolo llamado Flirty Fishing (Pez Ligón), este documento es la base catecúmena de su evangelio. Y utilizan eslóganes bíblicos como “Jesús entra en ti” o el “Creced y multiplicaos”, frases que se cargan de literalidad como preceptos dogmáticos en las “Cartas de Mo” o escritos pseudo-evangélicos de Moisés David. Para los “Niños de Dios”: el orgasmo es el mejor de los caminos para llegar a Dios y para ganar adeptos.    


     
¿Y qué es esto del Flirty Flishing que ellos promueven? Pues es nada más y menos que ejercer la prostitución forzada en adultos e infantes para recaudar bienes, algo que desde la dirección del grupo fue descontextualizado a mediados de los 80. Fíjense no más la atrocidad que intentan promover. Alterar el libre albedrío de las personas a través de vender su cuerpo. Y lo peor de todo es, que a través de denuncias y causas jurídicas abiertas por todo el mundo, han seguido impunes y además creciendo su doctrina por varios lugares, ahora se conocen como “La Familia” o “La Familia del Amor”, y están muy bien implantada en varias ciudades de nuestro país.

            Y contra esta secta nace el espíritu y el coraje de una mujer: Mercedes. Una mujer que ha dedicado 30 años de su vida a luchar contra la secta de “Los Niños de Dios”. Y toda esta lucha se debe a cómo captaron a su hija Mari Merche en 1979. 30 años que esta mujer se ha pasado intentando descubrir a dónde se llevaron a su hija. Y no la volvió a ver hasta que en 1996 tuvieron el encuentro en un programa mítico de Televisión Española (¿Quién sabe Dónde? del popular periodista Paco Lobatón). Algo que fue muy sonado, un encuentro esperado pero que no tuvo ese halo de emoción que muchos telespectadores se pensaban. Que incluso algunos lo tildaron de morboso. 

Cómo se puede ser capaz de “raptar” a una niña, a una simple niña que estaba pues jugando o haciendo sus cosas de una edad dedicada a descubrir, no tuvo una vida como cualquier niño o niño normal. Y me quedo con una viñeta. Una imagen que refleja muy claro la idea de este grupo o secta, un dibujo de una niña rociando una tinaja de un líquido (pensemos que es agua bendita) y en un globo muestra el diálogo con el símbolo de notas musicales “tienes que ser un niño para ir al cielo. Ese líquido le está cayendo encima al dibujo de un cura, y a su lado otro dibujo de una chica sin sostén. Esta imagen representa que el sujetador es el símbolo de los oprimidos. El verdugo del amor libre.

Gracias a Mercedes Montenegro se impulsa la Asociación para la Prevención de la Manipulación Sectaria (REDune), consigue ser la vicepresidenta, y trabaja compartiendo su pionera experiencia en el asesoramiento e información, a modo de prevención, de las técnicas de manipulación y de dependencia psíquica de los diversos grupos sectarios y totalitarios. Aporta la experiencia personal como madre de afectada y más de treinta años de lucha e investigación de estas asociaciones ilícitas. Y vamos a escuchar un audio de una entrevista que le realizó en su momento hace muchos años TVE.

Las faltas al colegio eran constantes, escapándose a hurtadillas una vez que la dejaban en el colegio. Coleccionaba los panfletos que le daban debajo su cama y un día, Mari Merche decide llamar a su madre, el mismo día de su decimoctavo cumpleaños, y se lo dijo con esta frase: “Mama, me voy de casa para vivir por mi cuenta y predicar el evangelio, que es lo que me gusta”.

El golpe era duro. Buscaron por todo Madrid a la “perdida” Merche hasta que la encontraron en el piso donde se reunía esta comuna. Pero claro. Jurídicamente Mari Merche ya era mayor de edad, aunque sus actos no parecían propios de su libertad, sino que parecían que estaban teledirigidos por el líder de aquella comuna. Y tras tanta insistencia de Mercedes por querer recuperarla, Merche decide cumplir con el protocolo de comer un día a la semana con su familia para limar tensiones. Hasta que en el otoño de 1980 escribe una carta anunciando su traslado a Colombia. Y la pista de aquella niña ya convertida en adulta se escapaba de las manos de la madre Mercedes.

Seguían comunicándose a base de cartas. Pero las correspondencias, las respuestas de Mari Merche llegan sin cariño, vacías. Mercedes decide unirse a la asociación Pro Juventud AIS, un grupo antisectas del que se desvincularía unos años más tarde (1995). Contacta con la INTERPOL para que localicen a su hija por tierras chilenas y su hija decide cortar de raíz las comunicaciones con su madre con una simple frase: “estás metiendo los dedos en los ojos de Dios, madre”. Mari Merche estaba ya embarazada del primero de sus cinco hijos (de otros tantos padres). Tenía sólo 20 años. 

Y unas imágenes que pasarían a la historia de aquel programa de TVE quedó para la historia por toda la parafernalia preparada. Un encuentro que tuvo más enfrentamiento que emoción. Pero de esas imágenes yo me quedo con las de la madre Mercedes. Una mujer que crió a esa hija, luchó por recuperarla y se la veía derrotada, dando por hecho de que hacía 16 años que a su hija le lavaron el cerebro, le quitaron su vida y la convirtieron en algo que ellos creen que es la verdadera forma de vivir. 


 

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