PROYECTO VENUS

La experiencia nos dice que el comportamiento humano puede ser modificado, hacia la actividad constructiva o destructiva. Tenemos los instrumentos al alcance de la mano para diseñar – y construir – un futuro que sea digno del potencial humano. Y aquí entra el concepto de “utopía” y el Proyecto Venus, el planteamiento de  un rediseño total de nuestra cultura. Y el mayor recurso disponible para realizarlo no es económico, no es físico, más bien es abstracto, y está inherente en todo ser humano, nuestro propio ingenio.



Nuestra historia nos ha enseñado en muchas ocasiones que los cambios que se han dado en nuestra humanidad siempre se han dado de forma lenta y por una catástrofe. Y en el punto en el que nos encontramos ahora puede ser casi de preámbulo, la sociedad se encuentra en un momento en el que los problemas de hoy no pueden ser solucionados política o económicamente, la primera razón que se da es porque no parece haber suficiente dinero para pagar los cambios requeridos, pero nadie se da cuenta de que aún tenemos suficientes recursos naturales. Por este motivo el Proyecto Venus aboga por la transición de una sociedad monetaria a una basada en los recursos globales.

Pero claro. Este cambio que aboga los estudiosos que pertenecen a este proyecto, esa transición requiere un salto cuantitativo tanto en el pensamiento como en la acción. Y el primer paso para que este cambio se produzca es cambiar nuestra economía, de forma radical, del intercambio monetario, pasar a una economía basada en los recursos, ¿qué quiere decir esto? Pues básicamente un sistema en el que todos los bienes y servicios estén disponibles sin el empleo del dinero, de créditos, del trueque, o de cualquier otra forma de deuda o servidumbre. Porque aunque nos estemos cargando nuestra Tierra todavía puede dar abundantes recursos. Muchas personas creen que hay demasiada tecnología en el mundo de hoy, y que la tecnología es la causa principal de nuestra contaminación ambiental. Pero esa no es la cuestión según dicen los estudiosos pertenecientes al Proyecto Venus. Lo que ocurre es que se está haciendo un mal uso de la tecnología. Que las máquinas deberían servir para darnos una calidad de vida mejor, para tener menos horas de trabajo y más vacaciones. En definitiva, que ellas no son una amenaza.


La conclusión que sacamos es que en una Economía basada en los Recursos, el dinero no sería necesario. Todo lo que se requeriría serían los recursos y la fabricación y distribución de los productos. Las premisas básicas del Proyecto Venus es que cuando la educación y los recursos estén disponibles a toda la gente, sin una etiqueta de precio, no habrá ningún límite al potencial humano. Aunque esto sea difícil de imaginarse. En tal sociedad, la medida del éxito estaría basada en el cumplimiento de búsquedas individuales más que en la adquisición de riqueza, propiedad y poder.

El sistema basado en el dinero se lleva desarrollando desde hace siglos. La razón de no seguir con este sistema materialista exacerbado y monetario es, siempre según las directrices para llevar a cabo este proyecto, es porque perpetúa la estratificación social, el elitismo, el nacionalismo, y el racismo, porque está basado en la disparidad económica. Ya que mientras este sistema social usa el dinero o el trueque, la gente y las naciones procuran mantener una ventaja dentro de la competitividad económica, y si no la tienen mediante el comercio se llevan a cabo por caminos abusivos, injustos y hasta violentos. Y yo creo que esta conclusión no es a la que han llegado los desarrolladores de este innovador proyecto, sino que es el punto al que hemos llegado todos, porque este sistema injusto y descompensado es el que todavía hoy utilizamos, seguimos con los mismos métodos anticuados.

Y es una realidad de que este sistema monetario se desarrolló hace años como un dispositivo para controlar el comportamiento humano en un entorno con recursos limitados. Hoy el dinero es usado para regular la economía, no en beneficio de la población, sino para los que controlan la riqueza financiera de los países. La consecuencia de todo esto no es capaz de proporcionar un nivel alto de vida para cada uno de nosotros, tampoco esto puede asegurar la protección del medio ambiente porque el motivo principal es el beneficio propio. Nuestra tecnología va por delante mientras que nuestros diseños sociales han permanecido relativamente estáticos. El cambio cultural no ha acompañado al cambio tecnológico.

Y aparece una cabeza pensante. Un hombre considerado ya como el “Da Vinci” de nuestra época: Jacques Fresco. Un ingeniero diseñador y futurista de 90 años de edad, un autodidacta multidisciplinar, que ha desarrollado incluso numerosos inventos. Pero el mayor invento de todos, con el que de verdad se ha dado a conocer es por ser el fundador de “El Proyecto Venus”, con ello ha mostrado su visión personal y global de la ciudad ideal, en una búsqueda por integrar lo mejor de todos los avances técnicos de nuestra era para construir unos espacios más habitables. Fresco ofrece un puñado de soluciones creativas a la mayoría de los problemas de la ciudad actual, basándose en lo que considera un reajuste de nuestra cultura, en un uso inteligente de la ciencia y la tecnología a la vez que se protege el medio ambiente. Así introduce el mismo Jacques Fresco su idea de este “Proyecto Venus”:


CONCLUSIÓN. Frente al pesimismo maquiaveliano, la realidad de nuestra naturaleza nos asoma al idealismo platónico y a su utópica esperanza o esperanzada utopía. De la tarea educativa depende esa auténtica revolución humana que constituye nuestra utopía. Así, entre la actual realidad y la humana utopía debemos levantar la sólida escala de una auténtica educación, construida con materiales esencialmente humanos y esculpida, peldaño a peldaño, en la mente y en el corazón de los hombres” (TOMAR, F., “Entre la utopía y la realidad” en Espíritu).


 

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