MISTERIOS EN EL MAR: SIRENAS O SIMIOS ACUÁTICOS

Desde tiempos ancestrales el mar siempre nos ha llamado la atención. Su inmensidad, su tranquilidad, su profundidad. El océano también tiene sus misterios, sus cosas a veces inexplicables, sus criaturas algunas muy bellas y otras con aspecto extraño. Y el mar siempre ha dado historias o pasajes que han protagonizado obras literarias de los grandes autores. Y el hombre siempre ha querido dominarlo intentando adaptarse a él, pero todavía parece un medio ajeno al que vivimos.



            Y una de las criaturas que más ha fascinado en algunas obras literarias fantásticas y a muchos marineros son las sirenas. Un tipo de criatura que siempre nos la han descrito como mitad pez - mitad humano, a veces representada como una bella mujer pero con intenciones a veces crueles para impedir el viaje de los marineros hacia los tesoros escondidos en el mar.


            Un ser mitológico. Un ser que parece que ha quedado para la posteridad como objeto del folclore y de las leyendas populares. Pero hay personas y hay historias que cuentan que se han dejado ver más de una vez, obviamente la ciencia descarta su existencia y de hecho aún no se puede comprobar que exista una criatura parecida a ésta. Pero hay que mencionar también que ha sido un fenómeno muy falseado, muy recreado por taxidermistas, entonces por eso hay que decir que hablar de sirenas o de “simios del mar” es un tema sensible pero a la vez misterioso porque siempre va a existir esa chispa de duda si de verdad puede que hayan existido o puede que siga existiendo alguna especie parecida. Algunos las tienen como el eslabón perdido de la evolución humana (los que se desviaron hacia las aguas), otros los consideran creaciones de otro mundo, casi de extraterrestres, y otros dicen, que son demonios, los demonios del mar.

            Si repasamos la mitología encontramos que las sirenas son representadas de varias formas pero con la misma idea. Ya hemos contado al principio la historia del viaje de Ulises atado al mástil de su barco y luchando para no caer en la tentación del canto de las sirenas. Pues bien, según la mitología griega estos seres tenían cuerpo de pájaro y torso o rostro de mujer, y comenzaban a tener un nombre: las arpías. Que te atraían con su voz musical, atractiva e hipnótica.


En el Medio Oriente siempre se han tenido las sirenas como algo divino, y todo viene por la historia de la diosa Derceto que inspiró amor a un pastor por represalias a la diosa del amor Venus. De esa relación nacería un niña, Semíramis, la diosa Venus (con su poder de hacer amar y de romper el amor de las personas que ella quisiera) hizo que Derceto dejara de sentir nada por el pastor, con lo cual acabaría abandonando a Semíramis, matando al pastor y lanzándose a la mar. Pero los dioses no querían que muriera, querían que sufriera, por eso la transformaron en sirena. Y por eso hoy en día a esta sirena se la conoce como la diosa siria Atargatis, la que gobierna los mares y a la cual se le consagran peces y se le adora en templos llenos de grandes estanques.


En la mitología celta también existe referencias a estos seres, pero de una forma más vinculada al ser de la tierra. Aquí se hablan de merrows en Irlanda y de Ceasg en Escocia, “la doncella de las olas”. En ambos casos la criatura se representa de dos formas, mientras que en Irlanda se representa como un ser hostil con una prenda mágica, en Escocia la tienen como una especie de hada marina que adopta en el agua forma de foca y en tierra se convierte en mujer. Pero estas dos culturas contaban la leyenda de que si un hombre conseguía hacerse con la prenda de estas criaturas podían aparearse con ellas y tener hijos, pero si la criatura encontraba esa prenda, entonces tenía todo el derecho a abandonar al hombre, y los hijos nacerían con membranas acuáticas en las manos.


Y grandes personajes históricos revelaron en su momento que habían visto sirenas en su trayecto por los mares. Por ejemplo Cristóbal Colón. El navegante confesó en el año 1493 que había visto a una sirena frente a las costas de Florida. Aunque prácticamente este hecho se explicó por parte de un historiador, José Durand, que lo que realmente vio el descubridor veneciano fue un tipo de mamífero acuático que aún estaba por descubrir, como manatíes, morsas y otros tipos. Es verdad que el manatí es un animal muy entrañable y con una cara casi humana y sin expresión, ¿sería eso lo que realmente vio Colón o fue otro tipo de criatura?


Pero el fenómeno de las sirenas ha sido siempre objeto de falsedad por parte de taxidermistas o de confusiones. Por ejemplo aquel cadáver de una supuesta sirena conocida como la “sirena de Buxton”. Pero si con algo hemos avanzado en la ciencia ha sido gracias a las pruebas genéticas y de ADN, con lo que ese cadáver fue desechado como real y se descubrió que eran partes distintas. Y así muchos casos similares.


Y otro caso explicado pero que se relacionó en su momento con sirenas son “las mujeres buzo”, y es que en algunas zonas como en la isla coreana de Jeju las mujeres tiene por costumbre bucear en las aguas y también ocurre en el gélido mar patagónico de Tierra del Fuego. Los exploradores europeos las confundían con sirenas por no conocer las costumbres de esos pueblos. La ignorancia de los siglos anteriores no conocían aún que no sólo el hombre tenía esa capacidad de aguantar bajo el agua, sino que la mujer también tenía esa capacidad de resistencia acuática. Pero claro, este hecho sirvió para alimentar aún más la leyenda.

Y con todo esto se pensó en una teoría, “la teoría del eslabón perdido”, por eso se han realizado algún documental que otro contando de cómo las sirenas sí puede que existan por algunos primates que se separaron del grupo y que adaptaron su forma de vida al océano. Ese documental es que he hablado al principio, un documental con imágenes recreadas donde se expone el hallazgo de un supuesto cadáver de sirena en una costa donde también hay otros cadáveres de ballenas. Durante esa hora de documental no sólo se habla de ese cuerpo, sino también se expone la teoría del simio acuático, de cómo se han encontrado extraños objetos como lanzas o cuchillos primitivos en algunos peces de las redes de algunos pescadores, o de cómo los delfines son tan colaboradores y fieles al ser humano por su “memoria de especie” o de recuerdo a que ya antes los delfines habían interactuado con el ser humano.


Un documental que llama mucho la atención hay que decirlo, que tiene unas imágenes recreadas bastante buenas y que hay que reconocer que está muy bien hecho y el mensaje cala hondo. Por eso ese documental creó el revuelo de exigir a los gobiernos y a la Administración Nacional Oceánica que revelara esas pruebas de existencia, pero en un comunicado de prensa, la NOAA, afirmaba que hasta la fecha no se han encontrado pruebas de que realmente las sirenas existan.

Y no solo en la mitología y en las historias antiguas se hablaba de criaturas del mar. Hay un caso extrañísimo que plasmó fray Benito Jerónimo Feijoo. El caso del hombre-pez de Liérganes, ocurridas en aguas del Mar Cantábrico. La historia de cómo un joven muchacho se interna en las aguas del río de Bilbao hasta que desaparece y se le da por ahogado. Cinco años más tarde se captura una criatura extraña en la bahía de Cádiz, el ser sorprendente tenía aspecto humano pero con escamas en ciertas partes de su cuerpo. No hablaba ni comía, hasta que un día fue llevado al convento de San Francisco y allí los frailes consiguieron sacarle solamente una palabra: “Liérganes”. Y consiguieron reconocerle como aquel muchacho, Francisco de la Vega se llamaba, que desapreció un día que se internó en aquellas aguas del río de Bilbao.


Una historia magnífica que he resumido en pocas líneas pero lo más contundente de esta historia fue el cómo el muchacho regresó con su familia, vivió un tiempo con ellos en el que seguía unas costumbres extrañas: no hablaba, sólo decía ciertas palabras sueltas, iba desnudo, se atiborraba de comer un día y luego se pasaba 4 o 5 sin probar bocado. Hasta que un buen día, Francisco de la Vega se interna de nuevo en el mar y vuelve a desaparecer, esta vez, sin regresar.

Historias como la de “Pesce Cola” o “Nicolao”, un siciliano, natural de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XV y que tenía una habilidad innata. Un hombre que era capaz de salvar grandes distancias a nado, por lo que le empleaban como correo marítimo entre las islas y cualquier puerto del continente. Nicolao tenía la tremenda capacidad de mantenerse durante una hora sumergido en el agua. Tal fascinación causó esas habilidades impropias de seres humanos de la época que el rey Federico de Nápoles le proponía recompensas si demostraba sus habilidades delante de él. Pues bien, lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, situado en el lugar más angosto del estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciéndole a Nicolao que si la recuperaba era suya. "Pesce Cola" se lanzó al agua y permaneció bajo ella tres cuartos de hora, hasta que finalmente salió con la copa en la mano. Nicolao contó tremendas visiones de monstruos marinos, moradores de profundas cavernas. El rey, entusiasmado por el relato, quiso saber más detalles y le prometió igual recompensa si bajaba de nuevo. Nicolao se mostró remiso a cumplir los deseos del monarca, por lo que éste le estimuló con una bolsa de oro, además de otra copa que arrojó al agua. "Pesce Cola" consintió y se sumergió de nuevo para no aparecer más.


El padre Feijoo creía en una raza de hombres marinos, herederos de esas facultades que aprendieron nuestros antepasados para adaptarse al medio acuático. Él los llama tritones o nereidas, mitad hombre o mujer y mitad pez, mediante el apareamiento de los hombres marinos y los peces.

El doctor Gregorio Marañón se interesó por ese hombre pez de Liérganes, se interesó tanto que realizó una investigación que fue plasmada en un libro "Las ideas biológicas del padre Feijoo" y la explicación que daba Marañón sobre Francisco de la Vega era que quizás padeciese cretinismo una enfermedad caracterizada por una detención del desarrollo físico y mental y acompañado de deformaciones. Por eso Marañón cree que un buen día este joven abandonase su lugar habitual de residencia y vagase por tierra o quizá por mar, “pero no nadando”, hasta que se localizó en Cádiz. Por eso el doctor Marañón cree que esa coincidencia de que desapareciese bañándose y que se le localizase de nuevo en el mar, junto con la incapacidad del muchacho para dar cualquier explicación, tejió la leyenda de los cincos años de su vida marina.

La leyenda de los hombres-pez o sirenas ha sobrepasado muchas veces la ficción con extraños casos que llegaron a copar portadas de periódicos. Como el caso de la pierna de un hombre-pez encontrado por un joven de Barcelona entre el pescado congelado, o la supuesta sirena encontrada en las albuferas de un poblado de Mallorca. Pero siendo real o no el fenómeno, siempre tendremos el misterio de algunos sonidos que han recogido científicos, sonidos tan extraños como éste:


Unas sirenas obligan a detener la construcción de dos embalses en Zimbawe (2012)

            Una información que se publicó en un periódico local de este país africano hablaba de las sirenas como la causa principal de que los trabajadores no acudieran a su puesto de trabajo después de que varios de ellos murieran ahogados "atraídos por las sirenas" que habitan en los ríos y lagos del país africano. Los jefes de las tribus tradicionales de la zona preparan ceremonias para "aplacar a las sirenas descontentas".

            Tras la retirada de los trabajadores locales, el gobierno de Zimbabwe intentó contratar a operarios blancos para tender las tuberías, pero éstos también se negaron, alegando su temor a las sirenas: "Existir no sabemos si existirán, pero que las hay... las hay", sostienen.
 

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